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08 marzo 2007
16:36

La GPL en la encrucijada

Javier García Diz

Desde hace algún tiempo, se ha desarrollado un intenso debate en la comunidad del software libre en torno a la propuesta de adoptar una nueva versión de la Licencia Pública General (GPL), un instrumento jurídico creado hace dos décadas para proteger el software libre de cualquier intento de apropiación ilegítimo.

En enero del año 1989 veía la luz la versión 1 de la GPL (General Public License) y dos años y medio después aparecía la versión 2, que sigue vigente en nuestros días. Esta licencia es la elegida por cerca del 70% de los proyectos listados en el prestigioso portal de software freshmeat.net.

Una gran mayoría de programadores de todo el mundo la escogen para licenciar sus trabajos y ha conseguido un amplio respaldo dentro de la comunidad del software y la cultura libres. Sin embargo, para los primeros meses de este año, la FSF (Free Software Foundation: Fundación para el Software Libre), creadora de la licencia, tiene previsto publicar una nueva versión, la llamada GPLv3, cuyos borradores previos han creado divisiones internas en las filas del movimiento internacional del software libre debido a que algunos piensan que Richard Stallman y sus asesores del SFLC (Software Freedom Law Center) quieren ir demasiado lejos.

Por qué es especial la GPLLa mayor parte de los contratos de software privativo son de los llamados “de adhesión”: el fabricante redacta un contrato unilateral con abundantes restricciones e incluso obligaciones para el futuro cliente, el cual debe aceptarlas antes de usar el software que está comprando.

Ello no implica garantía alguna por parte de las empresas de software, que entregan sus programas con la famosa expresión contractual “as it” (“tal cual”), limitándose en el mejor de los casos a la sustitución de soportes físicos en caso de deterioro de los discos originales u ofreciendo service packs para sus productos mediante su descarga por Internet. Más aún, la copia y redistribución de ese software están prohibidas por las leyes de copyright, y al ser de código fuente cerrado no es posible estudiar, mejorar ni adaptar el programa a las necesidades individuales de cada comprador.

La GPL no es un contrato, sino una licencia y, además, una licencia copyleft. La diferencia fundamental es que la persona que accede al software GPL no tiene que aceptar las condiciones de un contrato ni estar de acuerdo con nada que le imponga un fabricante. La GPL permite al receptor el uso y manipulación del programa, así como un total acceso al código fuente del mismo. Las obligaciones comienzan ahí: si alguien quiere utilizar ese código fuente en su propio beneficio (por ejemplo, añadiendo características a los programas y redistribuyéndolos a un cierto precio) puede hacerlo, pero siempre deberá entregar el producto bajo las mismas condiciones en las que lo recibió. Es decir, cualquier derivado del software libre licenciado con GPL será siempre libre, ya que la licencia original así lo estipula.

Esto no es algo natural y automático. Hay licencias, como la del sistema operativo BSD de la universidad de California, que entregan el software como libre pero no obligan a la redistribución bajo las mismas condiciones, por lo que generalmente el producto final acaba siendo software privativo. Ése fue el caso del sistema operativo MacOS. Una larga trayectoriaEn 1991 Linus Torvalds decidió distribuir su núcleo Linux bajo la licencia GPL.

Sin duda fue un gran acierto por su parte, ya que inmediatamente se le unieron multitud de programadores voluntarios de todo el mundo para colaborar en su de-sarrollo. De haber elegido otro tipo de licencia más restrictiva, hubiera sido muy difícil que su trabajo alcanzara la repercusión que el sistema GNU/Linux tiene hoy en día.

Por su parte, la Wikipedia utiliza la licencia GFDL (GNU Free Documentation License: Licencia de Documentación Libre de GNU), hermana de la GPL y de aplicación a trabajos literarios. La lista de proyectos de gran importancia licenciados bajo la GPL es enorme, así como su influencia inspiradora en otros de tan rabiosa actualidad como Creative Commons u OpenAccess. Pero entonces, ¿por qué es necesario cambiar algo tan manifiestamente útil y con lo que casi todos están de acuerdo? Nuevos retos y nuevas amenazasDieciocho son muchos años de vida para una misma versión de licencia, máxime cuando el tema del que se ocupa avanza tan rápidamente. En la actualidad, las alarmas de los defensores del conocimiento libre han saltado debido a la aparición de dos nuevas e inquietantes amenazas:Las patentes de software.

Las “patentes sobre invenciones implementadas en computadoras” ya son una realidad en países como Estados Unidos o Canadá, y van camino de serlo en Europa y algunos países asiáticos. Dichas patentes pueden cubrir hasta el más simple algoritmo de programación, lo cual podría llevar a paralizar la creación legal de software libre. La GPLv3 incluirá una cláusula en virtud de la cual quien implemente código fuente sujeto a patente de software en un proyecto licenciado con la nueva licencia pública general, deberá elegir entre renunciar a toda demanda a terceros que utilicen este código o bien renunciar a licenciar bajo la GPL. Los DRM. Éste es seguramente uno de los temas más escandalosos de la reciente historia de la tecnología. Un DRM (Digital Rights Management: Gestión de Derechos Digitales) es un conjunto de tecnologías orientadas a ejercer restricciones sobre los usuarios de un sistema, o a forzar los derechos digitales permitidos por comisión de los poseedores de derechos de autor e independientemente de la voluntad de uso del usuario del sistema.Quien haya intentado alguna vez copiar un DVD de su propiedad en una cinta de vídeo VHS, habrá visto con asombro cómo su magnetoscopio le mostraba un mensaje en la pantalla del televisor diciendo que no era posible realizar la copia. De esta forma, la compañía fabricante del aparato con DRM se erige en legisladora privada restringiendo arbitrariamente el derecho existente a realizar copias privadas de los productos sujetos a derechos de autor. Algo similar ocurre con los discos de música que no es posible reproducir en ordenadores, reproductores de vehículos, etc. Para la FSF, lo que DRM significa es Digital “Restrictions” Management (Gestión de “Restricciones” Digitales), por lo que prohibirá la utilización de software licenciado con la GPLv3 en cualquier aparato que restrinja las libertades del usuario. 2007, el añoAlgunos otros problemas que la nueva licencia pública general ha de resolver son el uso mixto de programas (si debe permitirse o no que aplicaciones de software privativo puedan enlazar y ejecutar subprogramas de software libre licenciados bajo GPL), la internacionalización de la GPL para adaptarla al mayor número posible de países y sus diferentes legislaciones relativas al copyright y los derechos de autor, y aumentar su compatibilidad con las otras muchas licencias libres o cuasi libres minoritarias que existen.

Cuando el lector esté leyendo este artículo, es probable que la nueva GPLv3 haya sido publicada o esté a punto de serlo, y sin duda, su aparición ayudará a que el empeño de muchos de que el conocimiento en nuestra sociedad sea libre resulte finalmente algo más que un hermoso sueño.

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